Una historia politica, el Pantalón

by - 18 noviembre

"Quédese tranquilo, mi ambición no es alcanzar la dignidad del hombre; pues ella me parece demasiado irrisoria como para preferirla a la servidumbre de la mujer. Pero pretendo poseer hoy y para siempre la soberbia y total independencia que ustedes creen tener, solos, el derecho de disfrutar" 
 George Sand



La historiadora francesa Christine Bard nos relata en su libro Historia política del pantalón como esta prenda evoluciono y paso a forma parte de la vestimenta masculina de la clase alta a ser una prenda desea y prohibida por tantas décadas a las mujeres.  

Los orígenes del pantalón como prenda de vestir son ampliamente rastreados y documentados por el trabajo efectuado por Bard, quién analiza las ordenanzas derivadas del gobierno revolucionario, así como los subsecuentes códigos legales que prohíben a las mujeres su uso. 

Desde la revolución de 1789 hasta la primera década del siglo XXI en Francia, el pantalón emerge como marcador de sexo/genero mas importante para la historia occidental de los últimos dos siglos. 

Durante mucho tiempo represento un problema tanto para los hombres como para las mujeres. Su origen viene del apodo que recibían los venecianos, adeptos a unos calzones largos y angostos llamados pantaleone en honor al santo que veneraban, Pantaleón. 

Hasta la Revolución Francesa la prenda de referencia era el culotte (calzón). Desde fines de la Edad Media, los hombres de las clases superiores llevaban un calzón ajustado hasta la rodilla. Ese culotte dejaba a la vista la pantorrilla, cubierta con una media sujeta por una liga. El hombre debía tener las piernas bellas y unos zapatos con tacones altos ayudaban a afinar su silueta. Este contribuía a erotizar el cuerpo masculino 

Esta prenda era todo lo contrario a la utilizada por las clases sociales inferiores, que usaban una vestimenta amplia que ocultaba el cuerpo, heredada de las bragas que utilizaban los primitivos galos. A los que se los denomino los sans-culotte y quienes encabezaron la rebelión contra el antiguo régimen y a partir de ese momento, con la instauración del orden burgués y del sistema capitalista, "el pantalón, de origen popular, es adoptado por los hombres de las clases superiores". Allí es donde afirmó su masculinidad y se prohibió su uso a las mujeres, un hecho que implica, en el precursor análisis del psicoanalista inglés John Carl Flügel, la "gran renuncia masculina" a la coquetería y a la posibilidad de exhibirse eróticamente a través de sus vestimentas. 

En el siglo XVII fue la marina quien adopto la prenda. y a fines de siglo se impuso en los niños de la aristocracia y la nobleza. Cerca de 1790 el delfín de la corona de Francia poso con ese tipo de pantalón, levemente ajustado en los tobillos con una cinta azul. La innovación, originada en Inglaterra, represento una mayor comodidad de la vestimenta infantil, liberada por fin de las ballenas que encorsetaban el cuerpo.  

Con el retorno del lujo el Directorio (de 1795 a 1799) prohibió a las mujeres el uso de prendas de otro sexo y el Código Napoleónico (1804) reforzó el poder masculino. Una mujer obtuvo en 1806 el permiso de travestirse para montar a caballo. Cuando en realidad las únicas que estaban autorizadas a usar pantalón eran las mujeres barbudas. 

En los comienzos de 1800 las sociedades cientificistas consideraban la inferioridad femenina como el discurso oficial. Ya que consideraban que el hombre fue concebido para pensar y la mujer para reproducir. 

La escritora George Sand (1804-1876) fue la precursora en el uso femenino del pantalón. Siendo una niña tiró su corsé a una barrica de vino y ya en su juventud comenzó a vestir como un hombre. Un comportamiento que ella inscribe dentro de la tradición familiar: su madre y su tía habrían hecho lo mismo cuando eran jóvenes por falta de dinero. Además, para callejear y atiborrarse del mundo como deseaba debía caminar mucho y largo tiempo. Los vestidos y zapatos condenaban a la mujer al sedentarismo. El traje masculino refleja también sus compromisos políticos. "Sólo tengo una pasión, la idea de igualdad", escribe en 1848.
  
Recién en 1851 el pantalón fue utilizado como arma política para desafiar la dominación masculina. La iniciativa pertenece a las feministas estadounidense, entre ellas Amelia Bloomer. La gran figura feminista a fines del siglo XIX fue George Sand, quien desde su infancia pasaba de un sexo al otro sin problema y sin solicitar autorización. 

La progresiva popularización del pantalón también fue influida por la banalización de las actividades deportivas, el higienismo, la preocuación por proteger el cuerpo femenino y por el aumento vertiginoso del trabajo femenino, que se acelero al final de cada una de las guerras mundiales. 

El deporte desempeña un papel esencial en la popularización del pantalón femenino: influye sobre las prendas de la calle e inspira a la moda. En la imagen, la tenista Alice Marble, en 'shorts', gana el Campeonato Nacional de Tenis Femenino de Estados Unidos en 1936. Pero en esta década, fuera del ámbito deportivo o la playa, el pantalón aún sigue estando mal visto: la masculinización del vestir alude más o menos explícitamente a la homosexualidad.

En el siglo XX, con las guerras mundiales, el pantalón se filtra en la vida pública de las mujeres que tienen que ocupar espacios laborales dejados por los hombres que luchan en el frente de batalla. También aparecen retratadas de esta forma en las portadas de la revista Life, en las películas bélicas y en afiches propagandísticos. Pero terminada la Segunda Guerra Mundial, el orden social se recompone y las mujeres son reconducidas al ámbito hogareño, retomando una imagen regresiva que se remonta a una silueta aprisionada con prendas interiores tortuosa impulsada por el New Look de Christian Dior .

El uso del pantalón se extiende a la población general por razones prácticas durante la II Guerra Mundial. La mujeres tienen que incorporarse como obreras en fábricas de armamento, talleres navales y aeronáuticos, y allí adoptan la vestimenta más cómoda y segura (y aconsejada por las autoridades): pelo recogido y pantalones. También aparecen con pantalones en las películas y carteles de propaganda bélica.

Los conservadores años 50 son el marco de la aparición de Audrey Hepburn, quien se convierte en la figura de transición hacia la década siguiente. Su andrógina figura retoma los ideales de belleza de la primera posguerra y la elección de pantalones, que usa con zapatos planos, el rostro "natural" y el pelo corto, configuran un estilo imitado por numerosas admiradoras. Esta imagen influye notablemente en la aceptación de esta prenda que se consagra en los años 60. Hacia mediados de la década "la producción de pantalones supera a la de faldas" y es un símbolo de las proclamas por el acceso a la igualdad de derechos. 

Durante la década de los cincuenta, Audrey Hepburn encarna mejor que nadie el nuevo estilo de la mujer moderna. Exhibe un aire masculino y femenino al mismo tiempo, una combinación aceptable en unos tiempos todavía muy puritanos. Es la embajadora ideal del pantalón femenino, que lleva con zapatos planos y el pelo corto. Su estilo, imitado por numerosas admiradoras, influye mucho en la aceptación del pantalón.

Yves Saint Laurent es el diseñador que introduce la prenda en el sector de Alta Costura cuando presenta en 1966 su versión femenina del esmoquin. Piensa que llevando pantalón "una mujer puede desarrollar su máximo de feminidad" y el esmoquin, "símbolo si los hay del poder, se convierte en una herramienta de empowerment para sus clientas". 

El pantalón femenino no aparece en la alta costura y en el pret a porter hasta 1960, pero a partir de entonces su éxito será clamoroso. El diseñador que lo aupará a la categoría de prenda estrella dentro del armario femenino fue Yves Saint Laurent, que en 1966 lanza el esmoquin femenino. Herramienta de poder para sus clientas e icono incontestable de su firma. El diseñador considera, no obstante, que "la libertad y la igualdad no se comprar con un calzón", sino que "son un estado de ánimo".

Pero la prenda estrella de la igualdad a finales de los 60 fue el vaquero. Además de un símbolo de la contracultura occidental importada de Estados Unidos se convirtió en un símbolo de la emancipación femenina. La activista afroamericana Angela Davis, miembro del Partido Comunista estadounidense y relacionada con el movimiento de los Panteras Negras, dio a la prenda un carácter marcadamente político.   

La sociedad a través de la historia ha utilizado las distintas prendas por tres funciones adorno, pudor y protección. La historia renovada del traje le añade una cuarta que interactúa con las anteriores: una función simbólica. La hipervaloración estética perdura desde 1789 y las mujeres siguen siendo el sexo adornado, dudoso privilegio que algunas mujeres quieren compartir y que algunos hombres les envidian. El pudor es una exigencia insistente, que nunca cesa. en occidente, primero se consideraba que el pantalón desvelaba el cuerpo y después que lo ocultaba. La protección corporal de las mujeres, en mas de dos siglos en sus actividades al aire libre, sus desplazamientos, su ocio, o en el trabajo, ha mejorado de forma importante. El auge del deporte y de las prendas profesionales ha facilitado el triunfo del pantalón para la mujeres. la prenda cerrada tiene cualidades objetivas: la protección que proporciona el pantalón esencial.  

En cuanto a la función simbólica del pantalón, esta ha evolucionado de forma singular. Forjada por los hombres y reservada solo a ellos para marcar su virilidad y su ciudadanía, ha tenido que ser compartida con el otro sexo. Finalmente, la mayoría de prendas masculinas se han convertido en unisex, sin que las mujeres pierdan la posibilidad de cultivar la apariencia femenina, y la palabra travestí sólo se usa ya para referirse a los hombres que se visten de mujer. 

Hoy, una mujer en pantalón, con el pelo corto y zapatos planos, sin maquillaje y sin joyas, ya no se percibe como travestida. En cambio los hombres que llevan un vestido o una falda con tacones altos sigue siendo travestí. Las mujeres se han apropiado progresivamente de la apariencia masculina y de entrada han aprovechado dos innovaciones importantes de la vestimenta del siglo XX, a  la vez que han conservado la posibilidad de cultivar la apariencia femenina.  

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